.ALGO
El nacimiento de un día llamado A (3)
El nacimiento de un día llamado A (2)
El nacimiento de un día llamado A (1)
Destiempo
Hace 28 años llegué tarde.
Me parece que nací a otra hora, en la no planeada, a minutos, horas o tal ves días después de lo esperado. Llegué tarde a la vida y así, todo lo subsecuente.
Si entro en una rifa me quedo a sólo un número del ganador. Si voy a la playa resulta ser que el día anterior no estaba nublado; de mañana me falta sólo un minuto para llegar temprano al trabajo; por las tardes la fila en el comedor es enorme, no como hacia dos minutos antes; ya por las noches tengo que cenar mis ilusiones en tranquila soledad sólo por no haber dicho antes las palabras correctas, por no haber estado en el momento oportuno.
El mapa del cuerpo no miente, los pliegues en el rostro y las canas hablan del tiempo que pasa y el ímpetu que tengo por vivir. Hace años que he tratado de ponerme el traje de la madurez y aun así me gusta pensar que todo es posible, que he de volar con saltos grandes y que los cables de luz son la única preocupación en mis intentos por ver la ciudad desde muy arriba. No es que me disguste creer en la posibilidad del vuelo, es que no concibo cuándo fue que mi imagen se hizo grande.
Hace no mucho un amigo me habló sobre una mujer que componía relojes biológicos. Decía que la sincronometrísta –así se refería a ella– era bella a pesar de su avanzada edad, que tenía movimientos ágiles pero seguros y pausados, decía de ella cosas de esto y aquello que seguro me cautivaron. No habló sobre cómo reparaba los relojes biológicos, igual yo no le pregunté, bastaba con la dirección que me había dado, total: si de día había pasado las horas llegando tarde al encuentro de las cosas, qué más daba una noche de espera para encontrarme con mi destino.
Llegué a Zacazonapan, pequeña población de menos de mil habitantes en la que me pareció todos los vecinos eran parientes. Desde la entrada, por la carretera, vi a personas encaminarse hacia un mismo lugar. Seguí a un pequeño grupo de seis mujeres, di la vuelta en una calle y pude ver que todo el pueblo entraba en una misma casa con un gran listón negro en la puerta. Según me dijo un niño la gente se reunía ahí para despedir a su sincronometrísta. Me regresé a casa, sólo y nunca a tiempo.

Presagio
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Desafiando 2005.
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No nos engañemos, todos sabemos la hora de nuestra muerte, está escrita al borde de un precipicio, en el filo de una navaja y al final de nuestras ilusiones.
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Yo soy un loco
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25•07•2008. Hoy me abordó en la calle un señor que a simple vista podría pasar como ordinario, pero que al escucharle se le podía adivinar loco.
Italiano, de 52 años, un hombre que decía ser yo mismo en el futuro, un loco.
Enseguida se ganó mi desconfianza, una entretenida y peculiar desconfianza, pues le seguí escuchando por al menos durante una hora sin decir una palabra.
Habló de Kennedy, de Zapata, y de repente volvía con la idea de venir del futuro. Después seguía con su monólogo, que el ex presidente americano había sido una buena persona y que aquel que le dio el tiro aun andaba suelto, y entonces volvía con la idea de que él era yo mismo. Aja. Y seguía. Más Kennedy, que su asesino en realidad se llamaba Roberto Carlos y que era muy astuto, que los coches chicos no le gustaban y que el Cinquecento (¡!) era una basura. Así un montón de cosas sabrosas, bellas e incoherentes. Aquello tenía que terminar. Forcé la despedida interrumpiendo su interminable discurso, le dije un Basta, gratzie! tratando de simular un pobrísimo acento italiano. Me di la media vuelta y comencé la retirada. A la poca distancia escuché a mis espaldas una vos que me gritaba Ciao Daniel, era el Señor que venía del futuro anunciando su despedida.
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Practiquemos a sentir mejor
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- Fd&Rb Suiza 2008.
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El amor es la locura más lúcida que tiene el hombre. Andrés Henestrosa
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Crash
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- Cholula 2006.
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En cachocientas partes se le ha partido el corazón. Un suave viento se encargó de esparcir los restos de su alma hacia ningún lado, hacia todas partes. El ímpetu por mirarle ya no estaba, el ánimo por discutir lo indiscutible ya no estaba ahí, el duende salió corriendo y tras de él la estela de cachocientas partes en el aire.
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Música de tus movimientos
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Del recuerdo nació la luz,
el cielo iluminado de un azul oscuro.
Caminar hacia lo imposible es dejarse llevar por tus silencios.
Lo indescifrable renace con la música de tus movimientos.
Ayer no era tan noche por la noche.
Hemos llorado juntos -sin saberlo-,
cada quién en su soledad,
necesitados de algo desconocido
pero que igual -sabemos- nos hace falta.
El día que me prestaste tu sueño convertiste los míos en un boceto de tus fantasías.
No puede ser tan malo extrañar a alguien…
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Gaudí, la naturaleza y nosotros

- Park Güell, Barcelona 2008.
Mar de la montaña Turó del Carmel, Barcelona 1899.
Érase una vez un conde apellidado Güell que, comprando dos grandes fincas en un lo alto de una montaña decide hacer algo nuevo con el uso de esas tierras. En principio el proyecto se concibió como un desarrollo habitacional privilegiado. Convocó al genio arquitectónico de la época e inició la aventura en 1900 para terminar 14 años después. La inversión no resultó muy popular entre los posibles compradores. Al final sólo se construirían tres viviendas, una para los Güell, otra para Gaudí y la tercera para un abogado de nombre Martí Trias i Domènech. El tiempo hizo lo propio y le dio descanso a cada uno: el lugar se transformó de nuevo. La casa principal se convirtió en una escuela primaria, en la de Gaudí se montó un museo y la tercera aun se conserva como vivienda. El resto del lugar es la casa temporal de miles de ilusiones perdidas; es el punto de reunión entre gente de todo el mundo: Park Güell.
A veces las historias se ponen interesantes cuando nos cuentan cosas que no esperábamos. Una flor blanca suele ser linda, pero una flor blanca en medio de un paisaje desolado de piedras negras suele ser hermosa. Una persona de raza negra con los ojos claros. Un obrero políglota. Un día soleado en Londres. Unas botas flotando en medio del Atlántico.
Es curioso como la realidad a veces no se le parece a nada. Es como cuando en las mañanas algo huele a nuevo. Piensas es Dios estrenando algo, tal vez un terremoto, o el nacimiento de un planeta o tal vez sea el creador estrenando las flores que crecen hoy por la mañana.
Lo bello de la curva es que siempre sugiere un lugar a donde ir, y que mejor si resulta inesperado. En el mismo instante en que Gaudí fue arrollado por un tren en Kenia una mujer moría aplastada por una manada de elefantes. La vida está echa de agua que pocas veces sabemos si viene o va.
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