.Vida urbana
Gaudí, la naturaleza y nosotros

- Park Güell, Barcelona 2008.
Mar de la montaña Turó del Carmel, Barcelona 1899.
Érase una vez un conde apellidado Güell que, comprando dos grandes fincas en un lo alto de una montaña decide hacer algo nuevo con el uso de esas tierras. En principio el proyecto se concibió como un desarrollo habitacional privilegiado. Convocó al genio arquitectónico de la época e inició la aventura en 1900 para terminar 14 años después. La inversión no resultó muy popular entre los posibles compradores. Al final sólo se construirían tres viviendas, una para los Güell, otra para Gaudí y la tercera para un abogado de nombre Martí Trias i Domènech. El tiempo hizo lo propio y le dio descanso a cada uno: el lugar se transformó de nuevo. La casa principal se convirtió en una escuela primaria, en la de Gaudí se montó un museo y la tercera aun se conserva como vivienda. El resto del lugar es la casa temporal de miles de ilusiones perdidas; es el punto de reunión entre gente de todo el mundo: Park Güell.
A veces las historias se ponen interesantes cuando nos cuentan cosas que no esperábamos. Una flor blanca suele ser linda, pero una flor blanca en medio de un paisaje desolado de piedras negras suele ser hermosa. Una persona de raza negra con los ojos claros. Un obrero políglota. Un día soleado en Londres. Unas botas flotando en medio del Atlántico.
Es curioso como la realidad a veces no se le parece a nada. Es como cuando en las mañanas algo huele a nuevo. Piensas es Dios estrenando algo, tal vez un terremoto, o el nacimiento de un planeta o tal vez sea el creador estrenando las flores que crecen hoy por la mañana.
Lo bello de la curva es que siempre sugiere un lugar a donde ir, y que mejor si resulta inesperado. En el mismo instante en que Gaudí fue arrollado por un tren en Kenia una mujer moría aplastada por una manada de elefantes. La vida está echa de agua que pocas veces sabemos si viene o va.
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Be a Londoner
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Pareciera que ser londinense es algo que no sólo los que aquí nacen poseen. Es, ante todo, un orgullo, o al menos así lo porta la gente. Ser londoner es como si adquirieras varias nacionalidades, es un concepto que se va reinventando conforme las personas lo hacen. Porque, aun siendo esta ciudad un catálogo de banalidades, se puede percibir en ella un rostro humano, un toque de imperfección que trasciende el defecto para dar paso a la autenticidad. Una de las grandes apuestas de Londres es la inclusión de razas, por la calle puede caminar lo mismo un latino que un negro o un musulmán y nadie se alarma.
El mejor souvenir que alguien puede llevarse de Londres es su inclusión liberadora, su apuesta por la suma, su descarado interés por lo nuevo, por lo desconocido y, a veces, porqué no, por el foráneo.
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Ciutat neta

- La playa en Badalona, España
Bajo del avión y la ciudad me da el más dulce de los besos salados. El calor, ansioso por enseñármelo todo, me toma de la mano para subirme la autobús en la primera acera. Un pequeño trayecto de 15 minutos me llevará a Plaza Catalunya. Detalle a detalle se me van revelando las grandes diferencia que guardan Barcelona y Londres (benditas diferencias). El uso del catalán como primer idioma me llega, lo cual lejos de disgustarme me agrada. Llego a Plaza Catalunya y recibo mi primer contacto con la multitud. Vacacionístas, trabajadores, adolescentes de todo sabor, jóvenes salpicados por doquier y uno que otro viejo que camina con el seño fruncido. Tomo un tren que me llevará a mi último destino, Badalona. El tren corre por superficie. Las ventanas me van contando historias que saben a introducción de mi última parada. Llego y no tardo en darme cuenta que lo contado es cierto. Bajo del tren y la playa me guiña un ojo, subo por las calles y me encuentro con la gente que reposa del sol que ha tomado por el día. El mar se adivina en todas partes y esta calma a mi me sabe a alegría.
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